
El barranco de la Hoz es un lugar especial, esto se percibe nada más llegar. El tipo de sustrato que conforma sus paredes es poco habitual en España, si no único. La extraña combinación de conglomerado y arenisca que las caracteriza consigue transportarte de Riglos a Utah en apenas 2 largos de escalada, sin exagerar, literalmente.
Un nutrido grupo de escaladores liderado por el incombustible Jesús Galvez realizó las primeras aperturas allá por finales de los años 70. El barranco forma parte del parque natural del alto Tajo y la escalada se encuentra obviamente regulada. Antes de acercarse a este maravilloso rincón, recomendamos encarecidamente revisar las restricciones.
La escalada en el barranco se desarrolla fundamentalmente sobre fisuras y diedros. Se trata de escalada de autoprotección, seria y comprometida que no recomendamos si no se domina mínimamente la técnica de empotramientos y cerrojos. La mayoría de vías carece de reuniones y seguros fijos salvo algunos clavos, puentes de roca y tacos de madera. No hay disponible mucha información sobre esta zona en un intento por preservarla y protegerla de una posible masificación. Lo entendemos y nos parece razonable. Un grupo de escaladores locales vigila las nuevas aperturas y se asegura de que estas continúen la filosofía de las anteriores, haciendo especial hincapié en el respeto a los itinerarios ya existentes y el carácter general de autoprotección de la escalada.
Lo que en principio se trataba de una escalada de preparación para Ordesa pronto adquirió un carácter propio y se transformó en una experiencia intensa y reconfortante.
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